sábado, 31 de julio de 2010

La elegancia del erizo (Muriel Barbery)

Parte de mi lectura de vacaciones. Un libro que vale la pena leerlo, quizás no tanto por la historia -que no deja de ser triste ni angustiante- sino por como se estructura esta y por como las palabras y sus juegos recuerdan la belleza y el poder del lenguaje.

Barbery Muriel (2009) La elegancia del erizo. 1° ed.- Buenos Aires: Seix Barral Biblioteca Formentor. Traducido por: Isabel González Gallarza.

"¿Y si la literatura no fuera sino una televisión que uno mira para activar sus neuronas espejo y para proporcionarse a bajo coste los escalofríos de la acción? ¿Y si, peor aún, la literatura fuera una televisión que nos muestra todo aquello en lo que fracasamos?" (112)

"Vivir, morir: no son más que consecuencias de lo que se ha construido. Lo importante es construir bien. Por ello, me he impuesto una nueva obligación: voy a dejar de deshacer, de derribar, y me voy a poner a construir. Hasta de Colombe haré algo positivo. Lo que cuenta es lo que uno hace en el momento de morir y, el próximo 16 de junio, quiero morir construyendo" (125)

"Nunca he creído que los pobres tuvieran grandeza de alma por el simple hecho de ser probres y por las injusticias de la vida. Pero al menos sí los creía unidos en el odio por los grandes propietario. Gégène me saca de mi error y me enseña lo siguiente: si hay algo que los pobres detestan es a los otros pobres" (133)

"Hay que vivir con la certeza de que envejeceremos y que no será algo bonito, ni bueno, ni alegre. Y decirse que lo que importa es el ahora: construir, ahora, algo a toda costa, con todas nuestras fuerzas. Tener siempre en mente la residencia de ancianos para superarse cada día, para hacer que cada día sea imperecedero. Escalar paso a paso cada uno su propio Everest y hacerlo de manera que cada paso sea una pizca de eternidad.
Para eso sirve el futuro: para construir el presente con verdaderos proyectos de seres vivos." (142)

"Yo en cambio creo que la gramática es una vía de acceso a la belleza. Cuando hablas, lees o escribes, sabes muy bien si has hecho una frase bonita, o si estás leyendo una. Eres capaz de reconocer una expresión elegante o un buen estilo. Pero cuando se estudia gramática, se accede a otra dimensión de la belleza de la lengua, ver cómo está hecha por dentro, verla desnuda, por así decirlo. Y eso es lo maravilloso, porque te dices: "Pero, ¡qué bonita es por dentro! ¡qué bien formada!"
, "¡Qué sólida, qué ingeniosa, qué rica, qué sutil!". Para mí, sólo saber que hay varias naturalezas de palabras y que hay que conocerlas para poder utilizarlas y para estar al tanto de sus posibles compatibilidades hace que me sienta como en extásis. " (174)